El nombramiento del nuevo presidente de la RTVE, Alberto Oliart, ha llenado de titulares todos los periódicos nacionales, los cuales han valorado la noticia siguiendo cada uno su línea editorial pero en lo que todos coinciden es en resaltar los 81 años que tiene el protagonista.
La experiencia demostrada por este abogado durante sus años dedicados al servicio público como ministro de Defensa con Calvo Sotelo y ministro de Industria y Energía y de Sanidad con Suárez queda infravalorada en los medios de comunicación, los cuales llevan bastante tiempo marginando a esa sociedad, cada vez más amplia, que sobrepasa los 65 años.
¿Qué hay de esa experiencia que dan los años?. En la política es donde más casos encontramos de personas con amplia experiencia que son retirados de la primera e incluso segunda línea por resultar incómodos a los actuales dirigentes de sus partidos.
Casos como los de Joaquín Leguina, Manuel Marín o incluso el propio Felipe González son directamente marginados, algunas veces por resultar incómodas sus opiniones o por quitarle protagonismo al propio presidente del partido. Algunos se mantienen a duras penas como Alfonso Guerra o el propio Manuel Fraga aunque los actuales dirigentes tiemblen cada vez que se les acerca un micrófono.
El caso de Oliart, aunque es único, pueda que sirva para abrir de nuevo las puertas del poder a la experiencia, importante y valioso valor, aunque esa persona haya superado los 80.
Desde las tres caídas de Jesús allá por el año 30 d.n.e. hasta la última caída significativa, la de Ignacio González en su lucha por la presidencia de Caja Madrid, han pasado casi 2000 años de idas y venidas en la historia de la humanidad.
La cosiddetta caída del Imperio Romano supuso un cambio político, económico, ideológico y social que daría lugar a una nueva conciencia y al nacimiento de muchos de los países que hoy componen Europa. Este imperio desaparecería políticamente en Occidente durante el siglo IV pero se mantendría en la zona Oriental hasta 1453, cuando Constantinopla caería en manos de turcos otomanos, hecho que para muchos historiadores supondría el fin de la Edad Media y de la cultura clásica.
476 años después, en la ciudad de Nueva York se produciría el denominado Crack del 29 con la caída de la Bolsa de Wall Street, que supondría un verdadero golpe al capitalismo con la pérdida de miles de trabajos y la consiguiente intervención estatal a gran escala.
Seis décadas después caería en Berlín el muro que la dividía y con él toda una ideología que había sembrado desigualdad y falta de libertad en aquellos países donde se había establecido.
Ya entrado el nuevo siglo, el punto de inflexión se produciría con la caída de las Torres Gemelas en Nueva York, que provocaría dos guerras, miles de muertos e inseguridad generalizada a nivel planetario.
Y llegaría Edgar y su caída, que sería vista por millones de personas a través de Youtube. Al protagonista le supuso la fama momentánea y al resto de los mortales la oportunidad de oro de hacerse famoso con sólo contar con una conexión a Internet y una cámara de videos.
El PA pide que se reclamen las obras de arte expoliadas por los franceses en 1810 El Correo de Andalucía. 28 de octubre de 2009.
Lo poco que queda del Partido Andalucista anda tan preocupado por el deterioro de la economía en nuestra comunidad que lo primero que hará el próximo jueves es presentar una moción en el pleno de la Diputación Provincial de Sevilla para que se inste al ayuntamiento de Sevilla a reclamar las obras propiedad de la ciudad robadas por los franceses en el año 1810.
Si Cataluña recuperó parte de los archivos de la guerra civil que fueron desplazados a Salamanca, ¿por qué Sevilla no iba a recuperar parte de su legado artístico, expoliado por los infames franceses?
No obstante, nos podemos encontrar con más problemas que resultados positivos. En primer lugar, los franceses estarían en su derecho de pedir que volviera a tierras galas la escultura de la Dama de Elche, vendida por un precio irrisorio durante la ocupación nazi por el general colaboracionista Petain al gobierno de Franco. La falta de libertad o la ilegitimidad del gobierno del momento serían las razones principales para pedir dicho retorno.
El templo de Debod en Madrid, regalo del gobierno egipcio liderado por Nasser, las propias piezas del museo egipcio de Barcelona, ¿o por qué no devolver las piezas realizadas con el oro robado en América por los españoles?.
La demagogia que envuelve todas estas discusiones y la carencia de visión histórica de nuestros políticos (y de la sociedad que les vota) es un lastre que ya dura demasiado tiempo.
"¿No se plantea dimitir?", se le preguntó. "¿Yo? ¡Nooo! Soy un luchador y los luchadores nunca abandonan. Eso es para los mediocres. Lo más fácil es dejarlo, pero no soy de ésos."
Tras las palabras de Abel Resino, entrenador del Atlético de Madrid se esconde una concepción de la vida que muchos personajes de la vida pública comparten: la de aferrarse al sillón contra viento y marea a pesar de haber demostrado sucesivas veces la incompetencia en su labor.
Son muchos y están todos los días en los periódicos. No obstante, existen casos paranormales dignos de Cuarto Milenio en donde el personaje, después de haber gozado de una notable posición pública toma la siempre difícil (y a veces obligada) decisión de dimitir de su cargo.
Al momento este hecho se convierte en noticia de primera página, ya pueda estar Zapatero reuniéndose con el mismísimo Obama o Ratzinger repartiendo preservativos en El Vaticano. Los medios se amontonarán alrededor del protagonista, los periodistas comentarán durante días los verdaderos motivos de esa sorprendente decisión y Ana Rosa comenzará las negociaciones para tenerlo sentado en su programa la semana siguiente al hecho.
En el caso de los políticos, desde febrero de 2000 con la dimisión como ministro de Trabajo de Manuel Pimentel, son pocos los que han dado un paso que suele estar rodeado de gran simbolismo. Justo un mes después, Joaquín Almunia dejaba atrás su corta etapa como secretario general del PSOE tras su escalofriante derrota ante el PP, después de haber realizado una coalición con la anacrónica Izquierda Unida.
La etapa de mayoría absoluta del PP se caracterizó por el aferramiento absoluto al sillón, a veces con ligeros cambios de caras a medida que se acercaban unas elecciones municipales o autonómicas. Habría que esperar a julio de 2007 con la sonada dimisión de Josep Piqué como presidente del PP catalán para volver a recordar que los políticos también pueden decidir dejar el poder de manera voluntaria y volver a sus casas.
Y llegó la crisis y con ella las cacerías del ministro de Justicia Fernández Bermejo, que en febrero de 2009 “decidió” llevarse sus armas hacia otra parte y las elecciones gallegas donde Touriño se despertó de su sueño de gobierno de cuatro años y tras su intento de crear una nueva Cataluña en el noroeste peninsular tras su pacto con los nacionalistas del BNG, tomó la decisión de dimitir de su cargo como secretario general del PSG tras la reconquista del poder por parte del PP.
El último y no por ello menos importante, es el caso de Ricardo Costa, secretario general del PP en Valencia y portavoz del grupo en el Parlamento autonómico. Su dimisión “temporal” de principios de octubre de 2009 fue todo un espectáculo, con pulso incluido a la dirección del partido y con lágrimas y pataleo como colofón.
Fueron pocos los que tomaron la decisión de retirarse, a veces a tiempo aunque la mayoría ya bastante quemados por la corrupción o la presión ejercida desde sus propios partidos pero lo único que queda claro es que, como decía el profesor Tierno Galván, “el poder es como un explosivo, o se maneja con cuidado o estalla”.
Entró como una estrella en la Biblioteca Infanta Elena, rodeado de flashes y de los incondicionales que siempre le acompañan. Se le ve más gordo, decía una señora sesentona mientras Guerra se acomodaba al fondo de la biblioteca, esta vez acondicionada como una gran sala de conferencias.
La acústica de la sala era horrible aunque el recorrido por la historia de la literatura de la mano del ex-vicepresidente del gobierno no pudo ser más completo. De Dostoievski, Flaubert, García Márquez, Galdós y Clarín a Aristóteles, Góngora,Goethe, Rulfo, Machado y por supuesto Cervantes, terminando con el consejo clásico de que es mucho mejor releer las grandes obras de la literatura que perder el tiempo en libros que no merecen la pena.
Sus últimas palabras fueron para recomendar una obra, bastante desconocida al menos para mi, llamada "El sargento Mayoral" y escrita en el siglo XIX. Habrá que echarle cuenta al maestro Guerra y reestructurar la biblioteca.
Todavía hay políticos que no entienden que la censura en plena era de las telecomunicaciones no tiene ningún sentido. Al revés, sobrevaloran en muchos casos a aquellos personajes que pretenden enjuiciar con el silencio y el olvido.Ya lo dijo en su día Unamuno: "Los intelectuales les estorbarán. Si no los fusilan los fascistas, los fusilarán los marxistas"
Extracto de la entrevista realizada por el Grupo Joly a Manuel Chaves González, vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial. 27 de septiembre de 2009.
¿Fue prudente Zapatero al trasladar en medio de una crisis de este calado responsabilidades tan importantes a Leire Pajín, Bibiana Aído, Eduardo Madina...?
Más allá de la edad de cada persona, el presidente valora el impulso, la capacidad política, el conocimiento y la valía de estas personas. Leire es una buena secretaria de Organización y Bibiana Aído es una buena ministra de Igualdad. Si no lo fuera, no estaría siendo atacada de forma tan feroz por la oposición y por los periódicos de la derecha.
Más allá del simplismo que caracteriza la verborrea del ministro, lo que llama especialmente la atención es la total falta de autocrítica y objetividad con respecto a las desastrosas actuaciones de estas dos miembros del partido socialista. Las dos carecen de carisma, de una oratoria clara y por supuesto de sentido del ridículo, ya demostrado en contadas ocasiones.
¿De verdad son buenas en su trabajo simplemente por el hecho de ser criticadas por la derecha?. Por esta regla, aquellos ministros que no son blanco de las críticas de la derecha y de sus medios afines, ¿lo estarán haciendo mal?.